

Este no va a ser un artículo en el que se cuente cómo empezó la serie, cuáles son los personajes principales, ni quiénes los creadores. El que quiera eso no tiene más que buscar en nuestro bienamado google “Buffy Cazavampiros” o “Buffy The Vampire Slayer” y se encontrará con centenares de links en los que de forma más o menos exhaustiva y detallada se le informará de los duros comienzos de la serie, del fracaso del filme, de los motivos de la Warner para lanzarla, de la trama principal y todo ese tipo de cosas.
En este nuestro artículo, publicado en este mi casi inutilizado blog, podréis leer sobre lo que ha significado esa magnífica serie para mí, y es que si hay algo que toque mi fibra sensible no es otra cosa que las series de tele que se echan a trompicones y que me tiro años para poder terminar de verlas (si termino). “Weird Science” (esa en la que unos frikis crean a una tía perfecta por ordenador), “Sailor Moon”, “Xena la Princesa Guerrera” o “Ranma” son algunos ejemplos que me han marcado profundamente… La mayor parte de ellas se podrían considerar basura, pero de una u otra forma las asocio a ciertos momentos de mi vida… Por lo general las veía de forma intensiva en verano, libre de obligaciones y agobios, y ahora las vinculo a un limbo mental en el que no tenía ningún tipo de complicaciones, cada vez que pienso en alguna de esas series es como regresar al pasado, verme metido en la cama a las 11 y con la tele puesta, sabiendo que no tendré que volver a clase en mucho tiempo, y que por esta ocasión he cumplido mi sagrada obligación de aprobar el curso… Están cargadas de una nostalgia infantil muy hermosa… Y es que en mi opinión no hay buenas series, sólo buenos momentos para verlas, así que a la mierda con todos esos soplapollas que se pasan el día repitiendo que “ya no se hacen series como las de antes”, para los niños de hoy los Pokemon serán tan buenos como lo fueron para nosotros “Campeones” o “Dragonball”.
Pues bien, me volveré a centrar… Buffy… Se acabó, y para mí eso es extraño, porque rara vez he tenido conciencia de ver una serie entera… De ninguna de las que cité en el párrafo anterior llegué a ver su final, tengo en mi cerebro imágenes de todas y una impresión general, pero no recuerdo cuándo acabaron y si vi su final, así que en el fondo, para mí, siguen por ahí, en algún lugar indeterminado dando vueltas, con unos personajes inmortales. De hecho no me interesa demasiado volver a verlas ni nada por el estilo, sé de sobra que no son obras maestras, y que yo soy el que les daba la mágica chispa que las hace tan especiales, esa pizca de magia que conservan las cosas que uno hace de pequeño… Y que nadie intente repetir esas cosas, porque parecen vacías y estúpidas… No quedéis con los amigos del cole para ir a comprar golosinas o para jugar al rescate (o a polis y cacos, como prefiráis llamarlo) porque os decepcionará. Perderá ese halo mágico que tienen las cosas que uno recuerda tan solo a medias, de las que sólo se conservan unas vagas y agradables sensaciones de bienestar y diversión, y pasarán a convertirse en recuerdos fríos y objetivos… No sabéis cómo me arrepiento de haberme bajado 40 episodios de Ranma, y del miedo que tengo a una supuesta cena de Navidad con la gente del colegio (10 años después… Qué rápido han pasado).
Pues bueno, a lo que iba. Buffy, además de ser una de las pocas series que he visto completas, ha sido una de las pocas a las que me he enganchado de postadolescente (aunque los primeros episodios los viera antes de cumplir los 18) y es una serie que he visto de forma muy gradual… Y siempre la asociaré a los veranos solitarios que pasaba en casa, con el suplicio de cargar con medio curso y con poca gente para salir de juerga… Después de las explosiones juerguísticas universitarias llegaba un verano pausado, coñazo y que transcurría muy despacio… Y en esos tiempos Buffy era mi fiel compañera de batalla. Era la nota de color a los días más grises y coñazo que uno se pueda imaginar, y, a pesar de mi edad, me involucré con la serie tanto como de pequeño, por lo que Buffy para mí tiene también esa sensación cálida, de morriña, de nostalgia que conservarán las series que vi en mi infancia. Además, siempre me sentí algo implicado en la serie… Asistí a la llegada de los personajes a la Universidad poco después de la mía, vi cómo iban conociendo gente nueva, cómo las viejas amistades pasaban a un segundo plano sin desaparecer… Y me identificaba en eso, me veía en una especie de espejo, acompañado, eso sí, de vampiros, hombres lobo y brujas… Pero lo fundamental permanecía, la sensación de que la vida va pasando y que las cosas pueden llegar a ser totalmente diferentes a lo que uno puede esperar de ellas… La mayor parte de los que hayan visto la serie y lean esto pensarán que soy gilipollas, o un sentimental amariconado… Y los que vean la serie después de leer esto es posible que se sientan decepcionados… Pero como dije antes, cada uno es el que le añade la chispa de magia especial a las cosas… Y Buffy puede que no sea la mejor serie del mundo, pero la vi en los momentos más adecuados y siempre la asociaré a los veranos universitarios, largos, pesados y aburridos, salvo por Xander, Willow, Buffy, Spike… La función de cada verano era ser la bisagra del siguiente año (para mí el fin de año siempre va asociado al verano, el cambio de año oficial siempre me la ha sudado), tres meses de epílogo y prólogo a la vez, separando unas fiestas de otras, unas personas/personajes de otr@s, teniendo frescos los recuerdos que en breve echaría en falta y albergando las nuevas ilusiones y esperanzas del nuevo curso… Y ahora, al mismo tiempo que Buffy, todo eso se acaba… Si vuelvo a tener un verano de 3 meses, será mala señal… Es hora de mirar adelante, llegó el momento de empezar a añorar la Universidad, y de paso el resto de vida académica, porque de una u otra forma se acabó, ya sólo quedan fantasmas.
Así pues, adiós Cazadora, te echaré casi tanto de menos como a la de cuero.
1 comentario:
Si, ese es el sino de las buenas series: cuando les llega su final, sobre todo en un marco temporal de visionado, les llega para siempre porque, al igual que todas las buenas cosas, corren el riesgo de ser alcanzadas por la teoría del desvirtúe, y si no fuese porque es necesario verlas también se disfrutarían más con los ojos cerrados, como todas las buenas cosas. De una u otra forma siempre he ansiado conocer el final de la serie que es la vida de cada uno y la de los que le rodean, tan solo para poder decirme en off a mi mismo ese estúpida frase de “fulanito se convirtió en tal, se casó con menganita ,murió con tantos años y puntos suspensivos”. Se podría decir que cada año es una temporada con un número indeterminado de capítulos, cuanto más avanzada la temporada, más aburrido el capítulo. Tal vez esté relacionada con todo ese rollo kármico de vivir rápido y morir joven (mmm…le intuyo una cierta relación con que hace un par de semanas yo acabase con la ceja hecha potitos por un aparentemente arbitrario paso en falso) y también quizás a medida que uno va llevando una vida más anodina le va cogiendo el gusto a series culebrón, donde ocurre todo lo que no ocurre en la vida real. No es casualidad que Pasión de Gavilanes les guste sobre todo a las amas de casa…
S.H.A. (actualiza con más frecuencia el blog, nunca se sabe cuando puede pasar a ser la única prueba de nuestra existencia)
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